Historia de Azogues

Historia de Azogues

En los tiempos en los que Azogues era parroquia, era notoria su prosperidad, primordialmente en la actividad comercial. Esta actividad se centraba en el intercambio de granos y materias textiles. Este comercio era intenso y se lo realizaba en la plaza central de Azogues (actual Parque del Trabajo), en este lugar se daban cita personas de muchos lugares, como Alausí, Cañar, Gualleturo, Shoray, Deleg, Chuquipata, Girón, Paute, Gualaceo, etc. Los productos de mayor comercialización eran el maíz, papa, fréjol, melloco, trigo, arveja, cebada y otros productos.

Otras de las actividades eran el comercio de bayetas y vestidos de lana elaborados por los indígenas que también tuvo un significativo aporte en la economía de la región. La alfarería ocupaba igualmente un lugar prominente, Peleusí de Azogues y sus alrededores se abastecían de utensilios domésticos elaborados por los descendientes y continuadores de los legendarios alfareros de Jatumpamba (Llanura grande, en quechua), caserío perteneciente a la parroquia San Miguel de Porotos, jurisdicción del cantón Azogues. En cuanto al combustible fundamental hasta hace unos treinta años fue el carbón y la leña, que con el transcurso del tiempo se ha ido dejando de utilizar debido a la aparición de otras alternativas y también por el aspecto negativo de la deforestación que era tan intensa.

La ganadería equina estuvo bien desarrollada, pues los nobles corceles constituían los únicos medios de transporte y a la par con esta actividad prosperaban las talabarterías que se esmeraban en la confección de cinturones y arreos, las noquearías para el tratamiento de las pieles, las invernas y herrerías en Azogues y sus contornos. La importante ocupación que fue la del sombrero de toquilla, que se producía en abundancia y de buena calidad en toda la provincia, aunque siempre se destacaron por su finura y elegancia los confeccionados en el cantón Biblián. Actualmente es una actividad artesanal que también se la realiza en menos proporción.

En esos años la ganadería, primordialmente vacuna y en menos proporción la equina, porcina y ovina, se había desarrollado con éxito, dándose cuenta de la existencia de buenas haciendas ganaderas en Sageo, Biblián y Burgay. Una buena parte de la producción lechera se destinaba a la elaboración de apetecidos quesos. De manera que las queserías que actualmente existen en los diferentes sectores del cantón Biblián, reiteramos que constituyen una herencia y continuación de aquellas que ya existieron hace más de 300 años atrás en estos lugares.

En cuanto a la caña de azúcar, asimismo se cuenta con testimonios de que existieron sembríos en las vegas del río Burgay, en Chuquipata, en los bajos de la Caldera, Ayancay y Yolón.

Los bosques de molle (propiamente mulle), cuya voz nos viene del antiguo nahuatl, árbol muy apreciado por los cañaris; las arboledas de capulíes, el dulce cerezo americano; el solitario aguarongo de los pajonales, con cuyas hojas carnosas mitigaban el hambre los nativos en épocas de escasez de mieses; el ayapugllana bellísima planta por su follaje y flores; el sarar que produce una de las mejores maderas de construcción; el tugti, llamado togte, por corrupción; todos estos vegetales crecían hasta un par de centurias no solamente en los campos de Peleusí de Azogues, sino en todos los valles y colinas del Cañar. Sin embargo la explotación o la simple destrucción de estos valiosos e insustituibles vegetales, ha sido inmisericorde y de la mayoría de ellos solamente se conserva el nombre. Por manera que la agresión de la naturaleza.
 

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